La búsqueda laboral suele ser irremediablemente agotadora. No sólo se trata de recorrer las páginas de empleos para encontrar solamente búsquedas de promotoras y asistentes, sino que luego de pasar ese filtro se llega a la etapa de entrevistas que es un gran fastidio en sí misma.
Yo me pregunto si siempre fue así y si todos tuvieron que pasar por lo mismo. Particularmente, yo considero que no fui a muchas entrevistas pero claramente recuerdo una que quedo para la historia. Fue una entrevista grupal, pautada por una inocente amiga que nos llevó en grupo. Fuimos cuatro, ella, su novio, mi novio y yo, todos jóvenes estudiantes ávidos de trabajo.
La búsqueda la hacía la "Fundación para el desarrollo de la inteligencia múltiple", o algo por el estilo, y a mi amiga le pareció que podía funcionar. Ni me acuerdo bien para que dijo que era pero finalmente nos encontramos en un departamento por Nuñez o Coghlan en el cual un joven nos entrevisto en grupo. El horario de trabajo no estaba mal, eran 8 horas y hasta ahí duró la normalidad. Durante esas horas uno tenía que recorrer la ciudad con un bolso vendiendo "artículos" de Cacharel y Kosiuko, todos originales, haciéndose amigo de los porteros para conseguir entrar a vender en edificios de oficinas.
Recuerdo que en ese momento estábamos tan preocupados por conseguir trabajo que uno de nosotros hasta lo consideró una posibilidad mientras yo me reía diciendo que ésta sería una anécdota para la posteridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario