Sábado 7AM, exterior Palermo en invierno. 3 personas esperan por una hora un taxi vacío.
Corte a interior del taxi. Los 3 sentados en el asiento trasero, entrando en calor y dando las direcciones del caso. Un ruido fuerte interrumpe la charla. ¿Qué pasó? El espejo derecho está colgando...
Corte a exeterio. Un alienado que con actitud de jactancia se señala a sí mismo como el responsable de la patada voladora.
Corte a interior del taxi.
Taxista: chicos, se van a tener que bajar
Corte a exterior, el taxi acelera en contramano persiguiendo al alienado mientras los chicos lo miran acelerar desde la calle y se disponen a esperar bajo las estrellas por otra hora más...
lunes, 18 de julio de 2011
miércoles, 6 de julio de 2011
domingo, 3 de julio de 2011
Retomando las cosas con una mirada crítica
Como el fumador que dice que quiere dejar el vicio porque sabe que le hace mal, pero dice que no puede. Que por ahora no, que algún día lo va a reveer, y mi ropa sigue acumulándose en el placard. Y en el otro placard provisorio -desde el 2004-, que como siempre está lleno no lo puedo tirar, y también en la baulera que vino con el departamento.
Pero yo, a diferencia de los fumadores, fumo cuando tengo ganas y cuando me acuerdo de ese paquete de cigarrillos que suele durar un mes en mi cartera. Claramente ahí no reside mi punto débil. El mío viene con el trastorno de acumulación, o vendrá, si lo dejo crecer.
Porque yo miro cada tanto ese programa de trastornos de acumulación y me veo ahí rodeada de mis invaluables e inseparables pertenencias sofocando mi vida. Y me digo: basta, no puede ser, además este problemita de guardar todo encierra una resistencia al cambio que mejor no alimentar más. Después de eso se iban dos remeras que en realidad salían del placard para pasar al limbo del canasto de la ropa sucia.(Porque todo no puede ser tan drástico).
Pero eso también va siendo un comienzo porque una vez que regalaste un par de cosas todo se vuelve más fácil y principalmente menos indispensable. Así que hoy le digo chau a las toallas grisáceas que alguna vez fueron celeste claro, al buzo que compre en los 90 en orlando, a una de las jogguinetas del secundario que termine de agujerear en pilates, al jean de corderoy de menos calidad que años y a las mil quinientas remeras estiradas y descoloridas, entre zapatos y demases que esperan su destino en una valija.
Pero yo, a diferencia de los fumadores, fumo cuando tengo ganas y cuando me acuerdo de ese paquete de cigarrillos que suele durar un mes en mi cartera. Claramente ahí no reside mi punto débil. El mío viene con el trastorno de acumulación, o vendrá, si lo dejo crecer.
Porque yo miro cada tanto ese programa de trastornos de acumulación y me veo ahí rodeada de mis invaluables e inseparables pertenencias sofocando mi vida. Y me digo: basta, no puede ser, además este problemita de guardar todo encierra una resistencia al cambio que mejor no alimentar más. Después de eso se iban dos remeras que en realidad salían del placard para pasar al limbo del canasto de la ropa sucia.(Porque todo no puede ser tan drástico).
Pero eso también va siendo un comienzo porque una vez que regalaste un par de cosas todo se vuelve más fácil y principalmente menos indispensable. Así que hoy le digo chau a las toallas grisáceas que alguna vez fueron celeste claro, al buzo que compre en los 90 en orlando, a una de las jogguinetas del secundario que termine de agujerear en pilates, al jean de corderoy de menos calidad que años y a las mil quinientas remeras estiradas y descoloridas, entre zapatos y demases que esperan su destino en una valija.
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