miércoles, 14 de diciembre de 2011

Lo bello de leer a Eduardo Galeano

El diagnóstico y la terapéutica. By Eduardo Galeano
El amor es una enfermedad de las más jodidas y contagiosas. A los enfermos, cualquiera nos reconoce. Hondas ojeras delatan que jamás dormimos, despabilados noche tras noche por los abrazos, o por la ausencia de los abrazos, y padecemos fiebres devastadoras y sentimos una irresistible necesidad de decir estupideces.

El amor se puede provocar, dejando caer un puñadito de polvo de quereme, como al descuido, en el café o en la sopa o el trago. Se puede provocar, pero no se puede impedir. No lo impide el agua bendita, ni lo impide el polvo de hostia; tampoco el diente de ajo sirve para nada. El amor es sordo al Verbo divino y al conjuro de las brujas. No hay decreto de gobierno que pueda con él, ni pócima capaz de evitarlo, aunque las vivanderas pregonen, en los mercados, infalibles brebajes con garantía y todo.

El libro de los abrazos.

Yo ya pedi mi polvito de quereme. Lástima que no hay pócima para dejar ir al viejo te quiero que esta amargado y dolido, hondamente dolido.
Voy a guardar sin leer Las partículas elementales porque Houllebecq me pone "quenche".
Y lo escribo acá para recordarlo en mis relecturas: Linda nunca más escribas un mail enojada. Tampoco los respondas. Y si es tan ofensivo no lo vuelvas a leer porque te hace mal y corres el riesgo de hacerle mal al remitente. Lo bueno "del libro de los abrazos" es que se puede releer cada vez que sea necesario. Dulce, bello, feliz y melancólico.