jueves, 5 de marzo de 2009
martes, 3 de marzo de 2009
Decime a dónde vamos
Soñé que me iba de vacaciones a China con mi papá. El sueño comenzaba con un aterrizaje en Barajas y luego un viaje en tren, un tren de madera muy lindo y bien conservado. El viaje transcurría entre montañas y pinos y lo raro era que aunque yo no sabía a dónde íbamos tampoco estaba ansiosa por saberlo. Disfrutaba del viaje y los paisajes que eran tan lindos.
Después el tren llegaba a nuestra estación y bajábamos pero el recorrido no terminaba ahí. Habíamos llegado a una zona más de montaña y con nieve que para mí era los Alpes suizos y tomábamos otro tren, en otra estación.
Ese tren nos llevó a un lugar increíble, de verdes oscuros, con grandes valles y árboles dónde al final, allá a los lejos, se veía aparecer a la muralla. Entonces sí habíamos llegado y me daba cuenta que nunca íbamos a estar completamente quietos porque queríamos verlo todo.
Recorríamos muchos valles y caminos con árboles a centímetros de la ruta - porque nos movíamos en auto- pero nuestro recorrido nunca incluía ciudades. Pequeñas villas y mucho valle, como para compensar en mis retinas el exceso de cemento de la ciudad en la que vivo.
Finalmente el regreso, que no se sentía como tal porque el viaje era tan hermoso y a los dos nos daba gusto volver a ese lugar que creo que eran los Alpes. Después el otro tren y, como habíamos pasado bastante tiempo de vacaciones, nos encontrábamos con un brusco cambio de estación por el que las montañas también estaban nevadas como en el otro trayecto, el de los Alpes, pero con árboles distintos y montañas más bajas.
Y justo antes de llegar para tomar el avión me daba cuenta que había compartido el viaje de regreso con gente que conocía y creo que charlaba un poco, sólo un poco.
Después el tren llegaba a nuestra estación y bajábamos pero el recorrido no terminaba ahí. Habíamos llegado a una zona más de montaña y con nieve que para mí era los Alpes suizos y tomábamos otro tren, en otra estación.
Ese tren nos llevó a un lugar increíble, de verdes oscuros, con grandes valles y árboles dónde al final, allá a los lejos, se veía aparecer a la muralla. Entonces sí habíamos llegado y me daba cuenta que nunca íbamos a estar completamente quietos porque queríamos verlo todo.
Recorríamos muchos valles y caminos con árboles a centímetros de la ruta - porque nos movíamos en auto- pero nuestro recorrido nunca incluía ciudades. Pequeñas villas y mucho valle, como para compensar en mis retinas el exceso de cemento de la ciudad en la que vivo.
Finalmente el regreso, que no se sentía como tal porque el viaje era tan hermoso y a los dos nos daba gusto volver a ese lugar que creo que eran los Alpes. Después el otro tren y, como habíamos pasado bastante tiempo de vacaciones, nos encontrábamos con un brusco cambio de estación por el que las montañas también estaban nevadas como en el otro trayecto, el de los Alpes, pero con árboles distintos y montañas más bajas.
Y justo antes de llegar para tomar el avión me daba cuenta que había compartido el viaje de regreso con gente que conocía y creo que charlaba un poco, sólo un poco.
lunes, 2 de marzo de 2009
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