Tengo una incómoda sensación al intentar regresar a lugares que solía frecuentar y que por diferentes cuestiones no frecuento más. Hablo de lugares significativos, como el barrio en el que tuve mi primer trabajo oficial.
La relación con Palermo Hollywood empezó en el 2007 y anduvo maravillosamente, siempre bien acompañada por almuerzos en los mil restaurantes del barrio y las largas caminatas que llegaban a abarcar a Colegiales. Después llegó el abandono, cuando me deje arrastrar a los brazos de San Telmo, y la consecuente"saudade" que me generaba cruzar la vía de Juan B. Justo. Era algo con dejar de pertenecer y a la vez sentirse extraño lo que me dejaba para atrás. Era la misma yo, pero de visitante, reemplazada, que de a poco se fue dejando llevar a comer al barrio hasta perder la sensación del reemplazo.
Este mes me toco mudarme y nuevamente esconder mi mirada para no ver lo que fue mi casa, a pesar de vivir justo a la vuelta. Sólo que ésta vez, por razones de fuerza mayor, tuve que apersonarme en el susodicho domicilio para retirar mi AC. Afirmativo fue el resultado del operativo donde se incauto un AC frío/calor marca Sanyo, que posteriormente fue trasladado mi dependencia. Todo por $100. Ver a mi ex departamento en obra, con los artefactos de baño tirados en el balcón y recubierto con espantosos cerámicos blancos; conseguir extraer mi AC por $80 y convencer a los muchachos desinstaladores para que hombreen mi AC hasta la mismísima puerta de mi departamento por $20. Porque para todo lo demás existe Mastercard y el recuerdo de los cerámicos horribles.
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