Recién llegada de la playa me acomodé en mi escritorio y pensé en lo bien que lo había pasado. Justo entre ese feliz recuerdo aparecieron las voces de mis compañeros preguntándome como había ido todo. ¿De qué otra forma me podía ir si estuve en la playa?, mucho mejor cuando para mí no importa si es invierno o verano; estar en la playa me estimula y sienta bien.
Y que decir de Pinamar, un lugar al que le tengo un afecto especial porque es el lugar de vacaciones de mi chico, el lugar al que siempre fui con él y donde la pasamos tan bien. Hay demasiado para decir y no quiero caer en el cursi "paraíso de los sentidos" pero está cerca: huele deliciosamente a pino y eucalipto, se oye constantemente el canto de las cotorras y a la vista prácticamente todo es lindo.
Pero para mí hubo más: mucha playa, muchas olas que salté y otras que pase por abajo, sol y vientito cálido y un notable mejoramiento en mi puntería con los tejos. Vuelvo al trabajo -yo puedo, sí, yo puedo-, vuelvo con el recuerdo de mi chico que se quedó en la playa unos días más.
Y que decir de Pinamar, un lugar al que le tengo un afecto especial porque es el lugar de vacaciones de mi chico, el lugar al que siempre fui con él y donde la pasamos tan bien. Hay demasiado para decir y no quiero caer en el cursi "paraíso de los sentidos" pero está cerca: huele deliciosamente a pino y eucalipto, se oye constantemente el canto de las cotorras y a la vista prácticamente todo es lindo.
Pero para mí hubo más: mucha playa, muchas olas que salté y otras que pase por abajo, sol y vientito cálido y un notable mejoramiento en mi puntería con los tejos. Vuelvo al trabajo -yo puedo, sí, yo puedo-, vuelvo con el recuerdo de mi chico que se quedó en la playa unos días más.
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